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viernes, 14 de noviembre de 2014

Primera rejoneadora venezolana, iniciándose como torera de a pie! Conchita Moreno

Conchita Moreno torera venezolana de a pie y a caballo
 
Primera rejoneadora venezolana,  iniciándose como torera de a pie!
 Conchita Moreno

Por:  Giovanni Saavedra “El Zamurito”

Nacida en la ciudad de Caracas, entre las esquinas de Canónigos a San Ramón, Parroquia Alta Gracia, el 8 de Diciembre de  1927. El día de La Inmaculada Concepción.  Por ello lleva el nombre  “Conchita”, sagitariana.

Sus padres fueron Norberto Moreno Mayora y su madre  doña Juana D`Amico del Castillo. Él maestro, oriundo de Ocumare del Tuy. Ella obrera textil, caraqueña, hija de inmigrantes de italianos, mi padre fue constructor del inolvidable “paseo de las palomas” en Macuto, estado Vargas y mi madre, la primera mujer que manejó un telar impulsado por electricidad, en la empresa de la familia Branger en Valencia, estado Carabobo. Mi familia fue de muy nobles principios y muy cristiana, aunque de muy modestos recursos. Vivimos con mi tía Rosa, la hermana de papá y con mi abuela la Madama D`Amico. Ambas fueron recias, pero cocinaban sabroso y me cuidaron junto a mis primeras hermanas.

Isabel es la mayor de las hijas de mamá y yo soy la hija mayor de la pareja que ella formó con papá. Después siguen mis hermanas Rita, Victoria, y Graciela. A las cinco hermanas nos decían las “Moreno”. Siempre vivimos en caracas, primero en la pastora, después en San José y luego en el Valle, donde pasamos la mayor parte de nuestra infancia. Allí vimos nacer a los barones Benjamín y Bernabé. Cuando mi tía Rosa y la Madama no estaban con nosotros, Isabel hacia los mandados en la calle y yo cuidaba a mis hermanas. Isabel empezó a trabajar con mamá en los telares y como sabía leer, escribir y hablar muy bien, ayudo a fundar el primer sindicato textil de Inspiración Comunista en Caracas. Yo iba a la escuela cuando podía, pero la aprovechaba bastante y acompañaba a mi papá a las peleas de gallos de los sábados. Recuerdo que en el colegio me premiaban con una medalla la mayoría de los días viernes de cada semana, por meritos propios en el comportamiento o en aplicación. Deseaba ser abogada.



 
MIS COMIENZOS COMO TORERA DE APIE:

Aún estaba en comienzo la segunda guerra mundial cuando sentí la atracción por el toreo. Desde hacía algún tiempo me venía escapando de la escuela para ir a los encierros de toros que se hacían en El Valle. Allí aprendí el gusto de darle capotazos a los novillos. Solo mi madre me acompañaba en el secreto y sabía que la cosa era algo más que un entusiasmo. Yo ya percibía que iba más allá de mí, inclusive. Era una pasión.

Cuando hable en voz alta y delante de papá, en la casa no gusto la idea ni mucho menos la “alcahuetería” de mi mamá. Ese oficio del toreo era temido como una actividad masculina y mi padre dudaba que yo tuviera cualidades o capacidad para dedicarme seriamente a esa profesión. La verdad era que mis padres aspiraban a que -si yo avía sido buena estudiante -me graduara de “Bachiller de la Republica”.

Pero estas ideas se desarrolló en mí cuando llego a Caracas la denominada “Cuadrilla de Señoritas toreras”, aunque yo no avía terminado mis estudios secundarios y yo era menor de edad, hablé con el director de la cuadrilla y logre ingresar en sus filas para hacer lo que hoy llamarían en idioma “ingles” un “casting”, es decir, una prueba. Debido a mi particular experiencia en aquel encierro de toros en “El Valle”, resulté airosa. Corría el año de mil novecientos cuarenta y siete, cuando decidí hacerme torera.

Ya a Caracas habían vuelto a llegar productos que antiguamente venían de algunos países de Europa. En 1947 avía terminado la guerra y algunas personas jóvenes como yo, pensábamos que era un buen momento para provechar la paz mundial y dar rienda suelta a los esfuerzos por materializar los sueños de superación individual, que se avían visto ensombrecidos por ese panorama de conflagración planetaria. La llamada revolución de 1945 estaba siendo criticada por diferentes sectores y el ambiente político que se respiraba en la ciudad, inducia a pensar que se podrían presentar situaciones que me dificultaría el desarrollo  de mis planes que me avía trazado. Por eso estaba muy preocupada y deseaba aprender pronto, lo más que pudiera del toreo y salir del país.

El asunto ahora consistía en lograr la autorización para los entrenamientos con la “Cuadrilla de Señoritas Toreras” y sobre todo para mis presentaciones públicas. Después de mis acaloradas discusiones, mucha argumentación de mi parte y con variadas condiciones, entre ellas que me graduara de Bachiller, al fin, mi madre logró convencer a mi papá.

Y comencé mis entrenamientos. Eran bastante duros, por cierto, pues se trataba de torear en un ruedo y no en un corralón –como avía aprendido yo a dar capotazos en El Valle -. Fueron horas de muchas tardes bajo el sol, ensayando múltiples pases. Pero yo no me amilanaba. Seguía con mucho esmero y dedicación  y más interés las indicaciones del maestro en la arena.

Esos esfuerzos se vieron compensados porque al fin pude hacer mi debut en La Maestranza de Maracay. Estado Aragua en ese mismo año en que avía decidido ser torera. Tenía 20 años de edad. Papá luego de a ver estado en contra se convirtió mi más férreo crítico, fue a la plaza de toros esa tarde y antes de empezar la faena se me acerco y me dijo: “Si usted decidió ser torera, hágalo bien”. Si no lo va hacer bien retírate. No me haga pasar una vergüenza”. A lo que le conteste: papá se sentirá orgulloso de mí””. Y así fue.





 


MI DEBUT EN CARACAS:

Al Domingo siguiente me anunciaros en un mano a mano con una compatriota que avía conocido en los entrenamientos en el Nuevo Circo de Caracas. Ya en aquella época existía una gran afición  por las corridas de toros en casi toda Venezuela en la mayor parte en los estratos sociales. A raíz de la visita que avía realizado Juanita Cruz, una torera madrileña, se desato una tremenda furia hacia la tauromaquia femenina, de tal manera que se generó una expectativa bastante buena para mi “alternativa” en la capital.

La presentación en Caracas de Esther Álvarez, una chica que tenia cierto conocimiento de las lides taurinas, porque siendo sobrina del Sr. Cipriano Álvarez, famoso banderillero caraqueño, este la tenía muy bien entrenada.

Esa tarde la recuerdo con gran emoción, porque corte mi primera oreja en mi tierra. También actuaron en esa misma novillada con nosotras, ayudándonos en los diferentes tercios de la lidia: los subalternos “Capita”, “Minuto” y los diestros Paco Puertas y Pedro Delgado “Pedrucho de Caracas”. Cito estos, porque eran los más conocedores del toro en sus diferentes querencias en la arena. Durante mi preparación en Madrid, siempre recibí correspondencias de ellos, pero luego se perdió el contacto, porque fui cambiada de un sitio para otro, hasta que al final me recluyeron en el Sanatorio de Toreros de España. Si alguno de ellos aún vive que reciba mi saludo y mi más fuerte abrazo de su colega y amiga. También recuerdo a Sergio Díaz y a Adilia Castillo, que después de renunciar al toro, se hiso una famosa cantante del folclore venezolano.


Como estoy escribiendo mis memorias para Ustedes no quiero dejar de contarles lo que sucedió cuando formaba parte de la  “Cuadrilla de Señoritas Toreras” -me toca salir de Venezuela, después de hacer algunas presentaciones en el interior del país. Mi padre, en virtud de mis facilidades para el idioma, hacia algún tiempo me estaba pagando algunas clases particulares de inglés con una profesora de origen trinitario. Yo cumpliendo mi compromiso de graduarme, efectivamente obtuve mi título e inmediatamente me emplee como secretaria en un bufet de abogados  ubicado en un moderno edificio en la  esquina de Mercaderes. Trabajaba y entrenaba, entrenaba y trabajaba. En los fines de semana practicaba inglés y tenia presentaciones públicas. Muchos pretendiente se me acercaban pero yo carecía de tiempo que muchos hombre exigían.

Faltando meses para cumplir la mayoría de edad llega el momento decisivo pues la “Cuadrilla de Señoritas Toreras” con sus nuevas adquisiciones  -entre las cuales me encontraba yo –debía cumplir compromisos en otras latitudes. Otra vez, la disyuntiva del permiso, pues no podía salir del país sin la debida autorización, mi papá se negó a firmar, a pesar de que yo cumplí con todos los condiciones que me estableció para hacerme torera. El no quería que me fuera del país, pues temía que me fuera a pasar algo y que ni él ni mi madre o alguien de mi familia se enteraran. No obstante la negativa de papá, mi mamá si firmó y yo si me pude ir. Había ahorrado el dinero del precio del pasaje, separando una cantidad impórtate del sueldo que me pagaban en el bufete y la parte que me falto la completó mi mamá. Tiempo después supe que mi papá se disgusto con mi mamá  responsabilizándola por si algo me pasaba.

Nos fuimos a México, toreamos en Guadalajara, Tampico, Veracruz, Xochimilco, Tijuana, Veracruz y Acapulco. Todas nuestras actuaciones fueron lidiando reses pie en tierra. Estábamos haciendo la tournée o gira mexicana, cuando fuimos contratadas para la Republica de Colombia. Allá toreamos en Cartagena, Barranquilla,  Cali Manizales y Bogotá. Luego fuimos al Perú y toreamos en Lima, donde tuve un percance serio en la pierna derecha.

La “Cuadrilla de Señoritas Toreras”, se componía de dos matadoras, dos banderilleras y una sobresaliente que también hacia de puntillera, si el novillo no moría de la estocada que le diera la matadora. Al “puntillero” siempre lo contrataba el Director de la ciudad donde íbamos a actuar, y frecuentemente encontrábamos compañeros del otro sexo que nos auxiliaran.






 
MIS INICISIOS COMO REJONEADORA

Recuerdo que en la Ciudad de México conocí a María Cobián “La Serranita”. Era una torera de mucha fama en su país. Ella me conto de su anhelo de viajar a España, pero no lo hacía porque en la península no les estaba permitido a las damas torear a pie, sino a caballo.

Estuve pensando varios días en  la posibilidad de hacerme rejoneadora, porque España, siendo la cuna del toreo, no se me borraba de mi pensamiento.

A la noticia de la gravedad de mi padre, cancele mi contrato con el Director de la “Cuadrilla de Señoritas Toreras” y regresé a Venezuela. Encontré a mi padre muy enfermo y sentí un gran pesar en la conciencia. Le prometí en ese momento que no iba a viajar más. Sin embargo aproveche mi estadía en Caracas para hacer mis contactos en Portugal. España seguía en mi mente. Nombre representante artístico en Venezuela al Sr. Arrutia Oseas un comentarista taurino que trabajaba en una emisora capitalina, seguí mis entrenamientos a pie y comencé a montar. Decidí que si volvía a los ruedos seria como Rejoneadora.

Después que mi padre murió, actué en el interior de Venezuela. Mi hermano Benjamín me acompaño en una aventura taurina y familiar bastante pintoresca, pero llena de momentos muy agradable. Con una camioneta tipo “pick up”, que manejábamos muy alternamente entre mi hermano Benjamín y yo, recorrimos buena parte del país, llevando el espectáculo de los toros a los sectores populares, es decir a los que no  tenían dinero o no podían ir a las capitales mucho menos no podían pagar las cuantiosas sumas para las entradas de los carteles de postín. Mezclando el concepto de las corridas bufas y los circos ambulantes, ideamos y materializamos la construcción de una plaza de toros portátil y que además tenían unas ruedas y un montaje que permitían trasladarla de un lugar a otro, enganchada en la parte trasera de la camioneta.

Con esa plaza de toros portátil me presenté en Maracay, Valencia, Barquisimeto, San Carlos, Chivacoa y la feria de la Consolación en Tariba, estado Táchira. En mi Gira por Venezuela, alterné con novilleros, cuadrillas bufas, y algunos matadores mexicanos o colombianos, hasta que el Sr. Arrutia Oseas me llamó a Caracas porque tenía que viajar a Vigo, Portugal. Tome el barco “Antoniotto Ussodinare, afiliado a la Flota Italiana Lauro, que hacía el recorrido entre Europa y América, tres veces por semestre, en Vigo me esperaba el empresario Sr. Joao D`A Silva.  Transcurrieron días inolvidables en Lisboa y la empresa  mostró gran interés en que yo conociera la ciudad. Los beneficios fueron muchos, porque la familia D`A Silva me trataron muy bien durante mi estadía en Lisboa y entre unos meses  pude debutar en la Plaza de Toros de Campo Pequeño, una de las principales plazas del país.

Todo fue un éxito porque allá no se les dan muerte a los toros; también las banderillas son de simulacro, se caen rápido porque no calan en la piel del toro ya que no los perforan. Allá, la Sociedad  Protectora de Animales es muy fuerte y no permite que se le haga daño a ningún animal. El tiempo que demoré entre los lusitanos, fue haciendo entrenamientos en la Escuela de Equitación y Prácticas para el rejoneo. Por medio de los contactaos de mi representante fui contratada para España. El día convenido tome el expreso internacional y en la estación, en Madrid, me esperaba don Manuel Córdoba, quien luego sería mi representante por toda la península ibérica.

Después de ir conociendo la Capital del Toreo. Don Manuel mostro una gran solicitud en que fuera también conociendo a todos mis paisanos de “coleta”, que se encontraban en España entre ellos salude a Evelio Yepez, a Samuel Rivero y a Antonio Bienvenida “El Gran Caraqueño” –como se le conocía por allá-. Moreno y “El Chiclanero”, en compañía del apoderado, me llevaron a conocer La Gran Vía Madrileña y el lugar donde estaba instalado el Consulado y la Embajada de Venezuela.

Cuando en el Sindicato del Espectáculos se enteraron de mi presencia en la ciudad, la Junta de Rejoneadores puso el grito en la “Unión de Toreros”, ya que ellos creyeron que yo había  ido para allá a torear pie en tierra. De nada sirvieron los argumentos que les presento mi apoderado. El Cónsul y el Embajador de Venezuela, también tomaron cartas en el asunto para defenderme, pero Bernardino Landete, Ángel y Rafael Peralta, la crema del rejoneo de aquella época pudieron mucho y me vetaron.

Así son las cosas y yo continúe mis entrenamientos y el Sr. Córdoba me arreglo dos presentaciones para Francia. Viajamos a Marsella por ferrocarril y allá me presente en una corrida que llamaron “La Bolivariana”, porque alterné con Curro y Cesar Girón. Esa tarde el novillo de rejones fue “pastueño  y  muy quedao” (palabras del argot taurino), antes de entrar en “suerte”, pero le busqué en todos los terrenos, le puse banderillas a una y dos  manos, rejones de adorno y de castigo y cuando lo puse en “suerte para matar”, entré en “simulacro”, de frente, todo a caballo.


Como lo dije antes entre Portugal y Francia pesa mucho La Sociedad Protectora de Animales. Juanita Cruz y mi tocaya, Conchita Citrón, tampoco pudieron hacer nada en España y eso que la primera era nativa de Madrid. Allá, el Sindicato de Espectáculos, sobre todo a lo que se refiere a los rejoneadores extranjeros, era como una “piedra de tranca”. Además, todos los toreros de a caballo, como los de a pie, le hacían la vida imposible a cualquier diestro extranjero, que osara invadir su terreno. Celos profesionales… Afortunadamente, no me faltaron contratos entre Francia y Portugal, pero al final, cuando los españoles se dieron cuenta que yo no avía ido para allá a buscar “camorra”, me levantaron el veto.

Fue así como pude rejonear en Linares, La Línea de la Concepción, Burgos, Ávila, Toledo, Salamanca, El Escorial, y al fin mi más grande anhelo torear en el templo sagrado del toreo La Monumental de las Ventas, en Madrid.

En las épocas de invierno en Europa, venía a torear a Suramérica. Volví varias veces a México Colombia, Perú y Panamá. A finales o a principios de año, pasaba por Venezuela y realizaba actuaciones en las ferias programadas. Veía a mi madre y a mi familia, si podía. Generalmente eran ellas las que me visitaban en el hotel donde me alojaba en Caracas. Mi preferido era el Hotel Presidente. También tuve la oportunidad de torear en el sur de los Estado Unidos, específicamente en Texas, en Nuevo México y Baja California.

Pero volviendo a La Monumental de las Ventas, me presenté, por primera vez, haciendo realidad mi sueño, con un astado de la Ganadería Galache de Cobaleda. El toro era muy grande y separado de la vista. Casi burriciego. Lo busque en todos los terrenos pero no pude hacer mucho con él. Me dio la impresión que ese “marrajo” estaba “avisao”. Tan pronto como pude, Salí de él, con un rejón de muerte, que fue muy aplaudido. Todavía me pregunto, después de tantos años, si no sería la mano peluda de los rejoneadores españoles la que me hizo aquella mala faena. Vaya Usted a saber!..  Después de esa presentación, que resulto ser todo un éxito, desarrollamos nuestra rutina: una gira por toda España, un descanso en invierno, una estadía en Suramérica, algunos paseos por uno que otro país de Europa en plan de turismo. En fin…  Corría el año 1958, ya hacia algo de tiempo que la rutina de giras venia cansando a los caballos. El viaje más la faena. La faena más el viaje. La edad, el desgaste, el trajín. En esta oportunidad, al terminar la temporada en España con un contrato para la Provincia de Zamora, íbamos a torear por vez primera en la Ciudad de Benavente. Aquella era una ciudad pequeña pero más chica aun, era su placita de toros. Quizás el Sr. Apoderado no debió hacer “aquel negocio”,  no obstante, cuando la cuadrilla me advirtió ya nada se podía hacer. Yo estaba dedicada solamente a mis entrenamientos y al cuidado de los caballos, porque venían muy cansados. Esa temporada veníamos trabajando mucho., pero yo estaba muy entusiasmada porque al finalizar todos esos compromisos, íbamos a embarcar para Suramérica y tendríamos no una gira, sino un buen descanso.

En Venezuela las cosas no andaban bien, en enero de ese año avían derrocado a Marcos Pérez Jiménez y yo estaba un poco preocupada. Quería saber de mi familia, estar en mi tierra. Hacíamos Benavente y a Suramérica.

Yo tenía varios caballos “Portugal” que era mi caballo blanco, de paso, para abrir plaza. “Moreno”, que era mi caballo negro azabache, pura sangre árabe de rejoneo, que yo usaba para matar. Fue el que no pudo salir del encuentro con la envestida sufriendo el tumbe por el toro, lo que nos hizo estrellar con el “burladero” del ruedo de la plaza “Moreno” me callo encima. Dice la prensa de aquella época que fui trasladad a la clínica “La Milagrosa”, en donde permanecí en estado de coma durante 25 días.

Escribo estas memorias para dar a conocer a la afición, el curso que siguió mi vida después de abandonar la Clínica en Benavente. Me trasladaron al sanatorio de Toreros en Madrid. Para mi total recuperación  y transcurridos largos meses,
 fuí traída a mi patria. No restablecida.  Presentaba secuelas del accidente como parálisis en la parte derecha del cuerpo, por lo que nadie me entendía lo que hablaba, no reconocía a las personas que me visitaban y no podía caminar. Había perdido todas mis facultades.  Cuando regresé  a Caracas, en mi equipaje traía una serie de placas y exámenes que me avían hecho nefrólogos, traumatólogos y en fin una Junta Médica, comandada por el Dr. Manuel Rojo Dueñas y Casaseca García. La operación que me aplicaron fue una “craneotomía”, para tratar de detener la hemorragia que presentaba en el cerebro. Después de hacerme varias intervenciones quirúrgicas, pude recuperar el conocimiento.

Los toreros y toreras cuando salimos a la arena en una tarde cualquiera, lo hacemos en compañía de una gran Fe en Nuestro Señor Jesucristo “El Varón de los Dolores” como lo llamo Isaías en el libro de la Biblia.

“Según mi opinión, la sanación de las personas es muy importante la comunicación y el dialogo, el compartir para el que quiera darte una mano, una respuesta a tiempo, alguien quien te oiga y te comprenda. Solamente el poder hablar de qué te angustia ya es un alivio….

Siempre he sido de una profunda y una gran fe cristiana y jamás he comenzado una actividad, sin encomendarla al Todo Poderoso. Por él estoy en estos momentos escribiendo estas líneas para Ustedes el solo hecho de escribir estoy meditando ante el Señor!...

A medida que ha pasado el tiempo, después del accidente en la plaza de Benavente, fueron mejorando mis recuerdos y nunca olvidé lo que me aconsejaron los galenos que mas nunca volviera a la arena, para torear y así lo tomé con serenidad y dedique mis esfuerzos a recupérame. Luego a pasar el estado de coma y las diferentes intervenciones quirúrgicas, tuve la plena seguridad en que no moriría, hoy continúo viviendo con una marca imborrable  en mi interior.

 
29 de agosto de 1956.
Presentación en España como rejoneadora. Tarazona de Aragón (Zaragoza).
Actuó con los novilleros Victoriano Valencia, Andrés Alvarez y Manolo Avila.
Novillos de José Luis Osborne.

25 de mayo de 1958.
Presentación en Francia. Toulouse.
Actuó con los novilleros Manuel Bravo “Relámpago”., Miguel Mateo “Miguelín” y Antonio Cobo.
1 novillo, para rejonmes, de “La Cañada” y 6 novillos de “Miura”.

26 de mayo de 1958.
Ultima actuación en Francia. Toulouse.
Actuó con los novilleros Manuel Bravo “Relámpago”, Juan Jiménez “El Trianero” y Pierre Schull.
7 novillos, 1 para rejones, de “La Cañada”.

31 de agosto de 1958.
Presentación en Madrid. (“Las Ventas”).
Actuó con los novilleros Emilio Redondo, Sergio Flores y Juan Díaz López “Marqueño”.
Novillo: “Tontuelo”, número 87, de Eusebia Galache de Cobaleda.

3 de septiembre de 1958.
Ultima corrida. Benavente (Zamora).
Actuó con los novilleros Curro Romero y Santiago Dos Santos.
Novillos de Rafael Bernal.
Sufrió una gravísima lesión al chocar su caballo “Moreno” contra un burladero, arrastrándola en la caída, Sufrió fractura de cráneo e intensísima conmoción cerebral.

Conchita Moreno fue el primer rejoneador venezolano.
No volvió a torear.
Murió en Caracas, el 18 de noviembre del 2004.